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jueves, 21 de mayo de 2015

"Los Arias" Soteapan, Veracruz

El cantar de las aves penetra mis oídos  y me hace despertar del profundo sueño de tranquilidad y plenitud en el que me encontraba inmerso. Tomo mi toalla y me dirijo a la ducha, un cubículo de tablones de madera con una pequeña cortina de tela dentro de la cual se esconde un tambo de agua con su jícara. Alzo la cabeza para observar mi alrededor y la selva veracruzana me pinta un horizonte lleno de fauna y flora silvestre. Paso a tomar el desayuno y en la mesa posa un recipiente con “añi” (tortilla en la lengua nativa popoluca) recién asadas en el comal. De pronto, se acerca José, un niño de 5 años, me grita por mi nombre y me muestra una sonrisa de inocencia, una sonrisa que expresa más de lo que las palabras pueden exteriorizar. Felicidad pura. Decenas de pensamientos atraviesan mi mente, y poco a poco comienzo a desenmarañarlos para aterrizar las ideas de mi sentir:

“ Detrás de aquel radiante semblante  se encuentra una simplicidad de vida. José no precisa de una alberca, pues tiene a la mano un río para chacotear, tampoco le es necesario comprar el último videojuego, pues posee una gran imaginación que le permite jugar con cualquier cosa que encuentre en su camino. La comida nunca le falta, pues la tierra que lo rodea le regala los más exquisitos frutos. ¿Cuáles son las necesidades del humano? ¿Realmente necesita de todos esos menesteres creados por las campañas publicitarias de tantas empresas? ”




Tomo mi mochila entre mis hombros y me encamino con la cuadrilla de popolucas para abrirnos paso entre la selva. Atravesamos cultivos, corrales, pastizales, arboledas y palmares hasta llegar al lecho de un río con agua cristalina. Los niños saltan al río y los misioneros nos unimos a la riña de aquel regocijo. Minutos después, los adultos toman sus redes y apuntan al cardumen de peces que desfila frente a nuestros ojos. La pesca ha traído deliciosos manjares e iniciamos el fuego a escasos  metros del río, mientras las mujeres preparan la salsa que acompaña al pescado. “Un día de campo al estilo veracruzano“.






La convivencia con los locales de aquella diminuta población de “Los Arias” en Soteapan, Veracruz ha sido una experiencia de gran crecimiento personal, en la que se puede remarcar la gran hospitalidad y disposición de mis hermanos Nuntajuy, quienes me han regalado una de las vivencias más gratas de mi historia como humano. El propósito de mi visita consistía en poner un poco de mi tiempo a disposición de ellos, sin embargo, he sido sorprendido al recibir todo el cariño de un pueblo tan unido y entregado.


Palpar el estilo de vida de una población con una esencia tan llena de vitalidad me suscita a valorar cada segundo de mi existencia y  crea en mi un sinfín de cuestionamientos que concluyó con la sabiduría de la siguiente frase:

Rico no es aquel que más posee, sino aquel que menos necesita…



  

martes, 27 de mayo de 2014

El ducto de aire dispara la frescura que penetra mi piel y la vuelve áspera. Mi espina dorsal se endereza y el placer recorre mi cuerpo. El estéreo propaga las sinfonías que deleitan mis oídos. El golpeteo de agua en el parabrisas pareciera bailar al ritmo de la música. Esa lluvia, que embellece los paisajes montañosos de tierra roja, transporta las memorias de tantas vivencias a lo largo de la vida. La vista se hace exquisita y el relieve se vuelve tornadizo al dejar atrás los kilómetros de carretera. El sentimiento de conducir y extasiarse con los ingredientes de esta fantasía me proyecta a otro universo, un universo vecino, pero transitado por unos cuantos, por los llamados "dementes". Quizá para algunos locura, pero el regocijo de esos momentos al conducir en las tardes nubladas es quimérico.

martes, 8 de mayo de 2012

Montreal

Los días uno a uno se fueron consumiendo sin hacérmelo saber....

Cada entorno que me envolvía parecía quererme enseñar a forjar un ideal...

Esta página se cierra para comenzar a escribir mas historias que poco a poco construyen una filosofía, la filosofía de esta vida...

Ahora debo despertar de este largo sueño para regresar a mi realidad, una realidad que tanto me falto, pero que me mantenía con ese espíritu de honestidad...

Decir adiós no es fácil, duele el saber que quizá no se volverá a ver a la cantidad de personas que se cruzaron en mi camino para hacer de cada momento un recuerdo inolvidable...

Y hoy me toca ser uno más de ellos, uno más que parte, que toma su camino hacia la plenitud...

Tantas historias, tantos ideales, tantas maneras de pensar y ninguna barrera de expresión hacen de esta convivencia un gran aprendizaje existencial...

Una hermosa ciudad que me acogió con sus tan marcadas 4 estaciones, sus bellos paisajes y sus espléndidos rincones...

Y sí, hoy me toca partir, pero recibo con los brazos abiertos la siguiente etapa de mi vida..