"Los Arias" Soteapan, Veracruz
El cantar de las aves penetra mis
oídos y me hace despertar del profundo
sueño de tranquilidad y plenitud en el que me encontraba inmerso. Tomo mi
toalla y me dirijo a la ducha, un cubículo de tablones de madera con una
pequeña cortina de tela dentro de la cual se esconde un tambo de agua con su
jícara. Alzo la cabeza para observar mi alrededor y la selva veracruzana me
pinta un horizonte lleno de fauna y flora silvestre. Paso a tomar el desayuno y
en la mesa posa un recipiente con “añi” (tortilla en la lengua nativa popoluca)
recién asadas en el comal. De pronto, se acerca José, un niño de 5 años, me grita por mi nombre y me muestra
una sonrisa de inocencia, una sonrisa que expresa más de lo que las palabras
pueden exteriorizar. Felicidad pura. Decenas de pensamientos atraviesan mi
mente, y poco a poco comienzo a desenmarañarlos para aterrizar las ideas de mi
sentir:
“ Detrás de aquel radiante semblante se encuentra una simplicidad de vida. José no
precisa de una alberca, pues tiene a la mano un río para chacotear, tampoco le
es necesario comprar el último videojuego, pues posee una gran imaginación que
le permite jugar con cualquier cosa que encuentre en su camino. La comida nunca
le falta, pues la tierra que lo rodea le regala los más exquisitos frutos. ¿Cuáles
son las necesidades del humano? ¿Realmente necesita de todos esos menesteres
creados por las campañas publicitarias de tantas empresas? ”
Tomo
mi mochila entre mis hombros y me encamino con la cuadrilla de popolucas para abrirnos
paso entre la selva. Atravesamos cultivos, corrales, pastizales, arboledas y
palmares hasta llegar al lecho de un río con agua cristalina. Los niños saltan
al río y los misioneros nos unimos a la riña de aquel regocijo. Minutos
después, los adultos toman sus redes y apuntan al cardumen de peces que desfila
frente a nuestros ojos. La pesca ha traído deliciosos manjares e iniciamos el
fuego a escasos metros del río, mientras
las mujeres preparan la salsa que acompaña al pescado. “Un día de campo al
estilo veracruzano“.
La
convivencia con los locales de aquella diminuta población de “Los Arias” en
Soteapan, Veracruz ha sido una experiencia de gran crecimiento personal, en la
que se puede remarcar la gran hospitalidad y disposición de mis hermanos
Nuntajuy, quienes me han regalado una de las vivencias más gratas de mi
historia como humano. El propósito de mi visita consistía en poner un poco de
mi tiempo a disposición de ellos, sin embargo, he sido sorprendido al recibir
todo el cariño de un pueblo tan unido y entregado.
Palpar el estilo de vida de
una población con una esencia tan llena de vitalidad me suscita a valorar cada
segundo de mi existencia y crea en mi un
sinfín de cuestionamientos que concluyó con la sabiduría de la siguiente frase:
Rico no es aquel que más posee, sino aquel que menos
necesita…




